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  1. N. CHUPIRO Tiumén

    Hace diez años, mi vecino y yo compramos un manzano columnar de una variedad desconocida (nos dijeron que era Borovinka, y solo más tarde supimos que esa variedad no existe). En aquella época estos manzanos recibían mucha publicidad; me atrajo su compacidad y su productividad.

    A mediados de septiembre elegí un lugar para la plántula, protegido de los vientos fríos por un manzano adulto. Plantado según todas las reglas.

    El invierno de ese año resultó muy frío; en diciembre por la noche la temperatura bajó a -40°. Para mi disgusto, la parte superior del árbol se congeló. A un vecino le pasó lo mismo. Más tarde leí que los manzanos columnares no toleran bien las heladas. Corté la parte marchita del manzano, pero no la desenterré.
    En los años siguientes, ocasionalmente miré la “columna”. Comenzó a crecer demasiado con ramas (es decir, no quedaba ni rastro de un manzano columnar real) y follaje. Hace dos años, en primavera encontré varias inflorescencias y en otoño recogí tres manzanas. El otoño fue seco, así que tuve que regar las raíces. Al año siguiente mi belleza floreció con toda su fuerza. Se ha convertido en mi árbol favorito del sitio. El año pasado resultó ser un año de manzanas y la “columna” me dio tres cubos de manzanas grandes de lados rojos.

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